jueves, 26 de enero de 2012

Amor psiquiátrico (Parte 13) - Una tierna escena

Viernes 11 de marzo
13:20 hrs
Pabellón de UAM

-Uy Lourdes... ¿viste eso?
-¿Qué cosa?
-A tu cocinero saludando de beso a Cristal.
-Si, si lo vi... pero no tengo derecho a enojarme, ¿o si?- Respondía groseramente Alejandra a Paulina, la chica de cabello teñido de rubio con tez apiñonada.
-No lo sé, creí que eran novios.
-No, no somos nada, por eso no tengo derecho a enojarme, ¿ok?
-Bueno sí, tienes razón...-Decía Paulina, resignada al ver una lágrima cayendo de las mejillas de su compañera.

Ya era la hora de la comida y las pacientes estaban formadas frente a la cocina. Alejandra intentaba ocultar ese sentimiento tan incómodo que la acosaba desde aquella escena afuera de la terapia. Estando a dos niñas de distancia de la cocina, apretó en su mano una hoja de papel color azul (su favorito) que estaba dentro de su bolsillo; y al llegar con Abel, se lo entregó discretamente cruzando los dedos ocultos por la charola. Alejandra se retiró, no sin recibir un dulce "gracias".

-¿Lo vas a dejar así?- Interrumpió de nuevo Paulina, esta vez en la mesa acompañada por Yahaira, Gabriela y Guadalupe, la chica vegetariana de España; quien se refugiaba ya en el grupo de pacientes.
Alejandra solamente pensó un momento con la mirada clavada en el plato, y tras unos segundos de meditación se levanto de la silla, sin decir nada.

Llegando a la barra, sintió la mirada de Abel, esa mirada con una ternura que nunca había sentido antes, ternura que Alejandra desvaneció cuando la ignoró y tomó un par de servilletas. Cuando por fin se atrevió a levantar la mirada y observar a su enamorado, solamente fue para dejar escapar lo que sentía dentro.

-¿Me engañas con Cristal?
Las palabras de la jovencita movieron por completo a Abel del estado en el que se encontraba. Sus ojos se volvieron más expresivos por la sorpresa y sin dejarlo dar una respuesta, negó con la cabeza y se alejó de vuelta a la mesa. Abel no parecía incómodo, más bien ofendido.

Alejandra ya sentada, sintió encima la mirada de Abel, e instantáneamente cubrió sus escasas lágrimas con sus brazos, sollozó unos segundos y cuando sintió fuera la mirada del chico de la bata, se reincorporó.

-No te pongas así Ale, ¿cómo sabes que de verdad anda con Cristal?- Preguntó Paulina, quien acariciaba el cabello de su compañera.
-¿Acaso no lo viste? ¡es un coqueto! hasta le sonrió y se tocaba el cabello cuando le habló esa mocosa.
-Espera, ¿andas con él?- Interrumpió Guadalupe con su característico acento, eran las primeras palabras que intercambiaba con Alejandra.
-Si, ando con él... pero me engaña con Cristal.

Guadalupe preguntó algo susurrado al oído de Paulina, quien señaló con la mirada hacia la cocina, al parecer, particularmente a Abel. Guadalupe dejó escapar su primer sonrisa desde que llegó al mirar al chico.
-¿Él? ¿con Cristal? perdón pero no lo creo.
-¿Lo ves Lourdes? además yo pienso que deberías hablar con él y aclarar las cosas- Interrumpía tímidamente Yahaira, seguida de las miradas sorprendidas de las otras chicas, quienes sabían que Yahaira apenas dejaba escapar palabra de su boca.
-No quiero, solo quiero que se me pase pronto- Contestaba Alejandra, ahogando su voz en sus brazos
-Si es así como dices que pasó... entonces de verdad, ¿crees que aún te merece?- Preguntó Yuya, su mejor amiga, quien hasta ahora, solo escuchaba atentamente.

Alejandra no contestó, solamente conservó esa posición con la cara contra la mesa. Paulina la miraba con expresión triste pero a la vez impotente, pues a diferencia de las otras chicas; ella conocía mejor a Abel, era la segunda vez que estaba internada y sabía que el famoso "supervisor" podría ser cualquier cosa menos eso que tanto decían.

Sin decir más, Paulina bebió de un trago de su vaso de agua y se levantó a la barra por más. Al llegar a la barra miró a Abel, a quien lo llamó con la mirada, y éste obedeció.

-¿Qué sucede?- Preguntó Abel, quien se encontraba ya sin esa mirada alegre de hace unos minutos.
-Que mala onda es usted, por su culpa Ale se quedará más tiempo internada- A pesar de estas palabras, Paulina seguía mostrando una actitud amistosa, pues lo decía jugando, conociendo ya los verdaderos sentimientos de Abel.
-¿Por qué?- Preguntaba Abel, ya más interesado al saber que la joven de 17 años sabía algo.
-Todas vimos lo que pasó con Cristal, ¿enserio la engaña con ella?
-No...- contestó el chico, -pero dime algo, ¿quién es Cristal?- Y no era broma, Abel solo conocía a "La niña que me dice cocinero", y si acaso, solo recordaba su segundo nombre "Vanessa".

-Cristal, la niña que le dice "cocinero"- Dijo Paulina, quien conocía a Cristal de hace meses; para luego beber de un trago su vaso ya relleno de agua.
-Ah... ella- Dijo Abel, recordando lo sucedido hace unos minutos, y entendiendo ya la situación. -Pero ella y yo nada que ver, solo me saludó y yo...
-Si, yo le creo- Interrumpió Paulina con una sonrisa que mostraba sus brackets. -Es que Cristal nos decía a todas que le gustaba usted, y por eso no se llevaba bien con Ale.

Abel solo dejó escapar una sonrisa entendiendo ya la situación, pensando que decir fue alcanzado por Paulina de nuevo.
-Pero yo le creo, además Ale está mucho más agraciada que Cristal, ¡osea! sería tonto preferir a Cristal...
-Exacto... -Exclamó Abel, para luego suspirar diciendo -además, yo quiero a Ale.
-Por favor, no la vaya a lastimar, es una niña muy linda.

Abel desvió la mirada hacia arriba, como recordando sucesos pasados.
-No te preocupes... es más fácil que ella me lastime -decía Abel, cambiando completamente a un semblante serio y vulnerable. Era uno de esos momentos en el que cualquiera podría doblegar su orgullo. -Tengo que hablar con ella.
-No se preocupe, yo la encontento -contestó Paulina con una sonrisa y tomando su vaso de agua.
-¡Oye pero! por favor, no le digas nada de esto, ¿ok? -Interrumpió con cuidado Abel. Paulina respondió afirmando con la cabeza y haciendo un ademán de silencio, en señal de que esa conversación quedaría en secreto.

Paulina se alejó regresando a la mesa, y tomando asiento susurró algo a Alejandra, quien volteó a mirarla y secó sus escasas -pero sinceras- lágrimas. Algo bueno sucedería en los próximos minutos...

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