Martes 8 de marzo
Jardines
13:05
La tarde era calurosa en la ciudad. Y particularmente, en el hospital psiquiátrico; los pasillos exteriores eran protegidos del sol por estar peculiarmente techados: Cruzaban un pequeño e improvisado jardincito de césped y el techado era sostenido por columnas discretas. Ahí buscaban refugio del sol las pequeñas células de pacientes con visitas: Eran jovencitas con el ya conocido uniforme color vino acompañadas de sus familias, casi siempre madre y/o padre y uno que otro desconocido; a veces novio, a veces hermano, o amigo...
A diferencia de las demás, refugiándose del sol junto al muro limitante del hospital; se encontraba una jovencita de estatura pequeña, cabello rojizo y tez morena; era Alejandra, quien ya parecía platicar de forma normal ante su madre con la enorme cicatriz cortante en el rostro, y otro joven, de una edad que rondaba los 20 años.
-Qué lástima que pensaras eso Ale...- reprochaba la mujer.
-No me agrada eso mami, perdón...
-Podríamos comenzar de cero, ¿no crees?
-En cuanto salga de aquí lo intentaré- Contestaba la niña después de un breve suspiro mientras jugaba con el césped.
-Dios te ama hija, estoy seguro que volverá a unirnos como ya lo hizo una vez- terminó la mujer.
De pronto, un silencio incómodo inundó el ambiente, acompañado de una suave brisa que refrescó el ardiente clima. Alejandra alzó la mirada en dirección a una pequeña ventanilla de la que salía vapor. Mientras a lo lejos; un hombre vestido de blanco con una cofia en la cabeza ordenaba unos botes vacíos.
-¿Sabes algo mamá?- Dijo Alejandra, dando inicio a la reconciliación con su madre. -Conocí a un amigo nuevo, es el supervisor.
-¿Ah si?- Preguntó curiosa la madre -¿Y qué traes con él, eh?- volvió a preguntar, esta vez bromista.
-Nada mami- Responde Alejandra sonriendo y agachando la mirada, -es mi amigo, es muy buena onda, alegre... guapo.
-¿Te gusta, verdad?- Pregunta la madre nuevamente, sin dejar su lado bromista.
-¡No mamá! es mi amigo nada más- Contestó bajando la voz la pequeña, después como buscando algo perdido entre el césped.
Buscando encontró de inmediato, una bolsa en la que venía guardado un tamal. Inmediatamente la tomó y se puso de pie, como escapando de la conversación.
-Ahorita vengo, voy a tirar la basura que está prohibido dejarla aquí.
Su madre no dijo nada, y el joven que la acompañaba había estado callado desde que llegaron. Mientras, Alejandra aún agachaba la mirada y de pronto la alzó buscando el bote de basura más próximo -a 10 metros, encima del pasillo techado-. Y ahí con el bote, apoyado en un pilar azul, un joven conocido leyendo una hoja de papel y vestido de camisa azul con salmón debajo de una bata blanca.
"Dios mío, es..." Ni siquiera terminando de articular pensamiento, Abel levantó la mirada. Alejandra se sentía morir de vergüenza al mirar al chico, por lo que reaccionó diferente al acercarse él a decir "hola": Dijo un "nos observan", Abel se alejó a la cocineta, y Alejandra prosiguió a tirar la basura.
"Condenada doctora..." pensaba, "si no hubiera estado acá...".
La pequeña regresaba con su madre, sin dejar de mirar a su psicóloga que se alejaba en el pasillo. Y al llegar, no pasó ni un minuto cuando se dio la orden de visita terminada.
-Te vengo a ver el viernes Ale.
-Si mami, gracias.
-Espero que te agradara este día para ti Ale, te quiero- dijo esta vez el joven acompañante, seguido de un abrazo entre los tres.
Emprendiendo el paso de vuelta a ese triste pabellón, Alejandra se despidió de su madre en la puerta. Y después, con los ojos húmedos, caminó hacia la barra de la cocineta, esperando ya contar con su nuevo amigo.
-Hola chicas- Se escuchó retumbando la voz del joven saludando a las compañeras. Seguido de un saludo en respuesta.
Alejandra caminó hacia la ventana de cocina, con las manos en los bolsillos. Al llegar con Abel, lo miró y lo saludó.
-Hola.
-Hola- Contestó Abel, muy diferente al resto de las chicas.
-Toma esto, te lo regalo- Extendió la mano con un portarretratos hecho de fomi y abatelenguas. Estaba pintado de color azul y adornado con diamantina.
-Gracias- Contestó Abel, quien de la sorpresa, ocultó en su bata el presente, sin dejar de notar un papel color azul debajo de él.
Alejandra se alejó al instante después de tomar su charola. Por mientras, Abel preso de curiosidad se ocultó entre el muro de la cocineta. Comenzó a desdoblar el papel, que al primer desdoblez, reveló un mensaje:
"De: una niña que te quiere mucho y has hecho inmensamente feliz"
Al instante, Abel dejó escapar una sonrisa, para seguir con el segundo desdoblez, que reveló otro mensaje:
"Para: El chico que me ha robado el sueño y cuando lo veo me río y me sonrojo, te quiero mucho"
Esta vez, mostrando una sonrisa más notoria; Abel no pudo evitar emocionarse como niño pequeño. Preso ya de la curiosidad, siguió desdoblando, cuidando de no ser visto por su compañera de cocina: Monica.
"Primero que todo espero que estes bien. Quisiera decirte que desde que te conocio me caiste muy bien y me gustaste mucho, te me haces un chavo muy alegre y lindo y te quiero muchisimo. Pero tambien quisiera que me digas sinceramente si quieres algo serio conmigo o solo una amistad pues no me gustaria que jugaras con mis sentimientos. Asi que dime lo que piensas de esto y si de verdad te gustaria que siguieramos teniendo contacto o solo soy un pasatiempo.
Te quiero mucho, cuidate mucho
Ale" (sic).
El mensaje era claro, doblando la carta y aún sonriendo de alegría; Abel dejó de pensar lógicamente, ahora solo había una verdad: "Le gusto, me gusta".
Metiendo las manos en los bolsillos, caminó hacia la ventanilla apretujando con la mano un papel ya no blanco, sino rojo.
"Sabía que al final éste, terminaría siendo para ti". Pensaba Abel para sí mismo, mientras miraba cómo se acercaba Alejandra hacia él, y recordando el momento en el que escribió sobre la hoja blanca.
-¿Y bien?- Preguntó de nuevo curiosa la jovencita, nuevamente disimulando con su vaso de agua.
-Tengo algo para ti- Contestó el chico, mostrando la carta oculta en su manga blanca. La cual deslizó al ras de la barra hacia la mano de la niña. -Cuídala por favor, no se la enseñes a nadie.
-No te preocupes, gracias.
Se alejaba Alejandra, no sin antes rozar sus dedos con los de su ya enamorado. Y, como la vez pasada; se alejó a prisa al baño. Donde comenzó a leer esa carta tan esperada...
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