- Egoísta no hubiera sido esperar meses para dar una respuesta, tal vez un poco el darme una ilusión que quizá nunca llegue... cuando estemos viejos querremos cambiar todos los años vividos por una oportunidad, SOLO UNA, de haber cambiado nuestras decisiones y haber ido por más... eso lo entendí apenas, ojalá nunca te pase a ti... ojalá nunca te arrepientas de esta decisión de hoy en día, porque en el fondo lo sabes: Fui por la legal; y por eso no te atreves a matar por completo esa flor...
- Podré esperar a que cambies de opinión... una semana, un mes, un año... no lo sé... hasta que la flor se marchite solita. Ojalá que tu relación sí sea de amor de verdad (que te repito... es rarísimo jurar amor en tan pocos días), y así quizás valga la pena haberme dejado y matado mi sentimiento solo por lo "que creímos que uno pensaba del otro", siempre existe una oportunidad, pero debe ser mutuo acuerdo.
- En cuanto a mi respuesta: Dar amistad a quien muere de amor es como dar pan al sediento. Hubiera luchado por ti nuevamente pero en fin... Ser tu amigo sería condenarme a "dormir esa flor" y nunca sanarme de ti. No seré tu amigo, pero tampoco un desconocido... considerame alguien que murió en acto suicida por tu amor, y que ahora te protege en forma de ángel, a las sombras te quise y en las sombras te querré y protegeré... me hubiera gustado algún día haberte dicho un "te amo" logrado y sincero. Seré un ángel que en las sombras se quedará aplaudiendo en silencio tus logros. Y cuando te sientas sola, recuerda que tienes un ángel de alas negras protegiéndote, cuidándote y queriéndote en silencio. Nunca negaré una conversación contigo, pero yo ya no pertenezco a tu mundo... espero que mi respuesta te sea satisfactoria, de todo corazón.
- Y sin rencores claro...
- Tu ángel se despide, si bien no sé si el que más te ha querido, pero sí el que tuvo las más puras intenciones...
- Espero que valores ese último gesto mío.
Blog personal con poesía y reflexiones, algunas un poco impactantes pero necesarias.
martes, 26 de noviembre de 2013
sábado, 23 de noviembre de 2013
La carta que tal vez nunca leerás
Hola de nuevo...
No te miro, sin embargo sé que eres feliz. En mis ratos sin ti me pregunto cómo y cuando fue que... todo terminó así. Quizás no fui claro en mis sentimientos, quizás sí, quizás ya no era correspondido... no lo sé, es de irresponsables querer culpar a alguien. Y aunque existiera una culpa, sé que eso no arreglará nada.
Hay momentos en que quisiera mandar todo a la basura, aceptar mi derrota y quemar toda evidencia en mi oasis del olvido. Otros momentos en que no tengo fuerzas para levantarme y es mi voluntad solita -como un muerto viviente, sin fuerza vital salvo la sobrenatural que lo levanta- la que me empuja a otro acto suicida... contigo: un intento más, cargar sin aliento y sin fuerzas, con la espada caliente por el sol y pesada como cien montañas... ya no; pues ya no hay motivo.
En tan poco tiempo conociste mi mejor personalidad, pues fue la cruzada en la que más me rompía la cabeza pensando pretextos para verte, detalles para obsequiarte, chistes para hacerte reír... no lo digo para hacerte sentir mal, sino para agradecerte; me hiciste saber que soy capaz de luchar por alguien hasta límites inconcebibles.
Además de eso, quisiera que sepas por qué me "aparté" la última vez: Tenía miedo, miedo a buscarte y que me rechazaras o te fastidiaras de mí, más de una vez comentabas cosas que me hacían pensar que ya tenías a alguien más y eso me rompía el corazón. Me alejé para evitar hacer el ridículo, y en cada momento, cada una de mis células en sus canales de fuga gritaban un "te quiero". Eras por quien llegué a sentir la necesidad de verte, podía también llegar a necesitarte, pero en mi caso, eso es justo lo que busco en una chica.
No quisiera reprocharte nada, solo tú conocerás los motivos por los que pasó lo de la primera y la segunda vez. Y a pesar de todo eso, siempre te bendije, siempre levanté mi vaso de ron y sonriente deseé tu felicidad conmigo o sin mí. A estas alturas sé también que conocerás mis errores y los tuyos, en qué fallamos... o quizás ni siquiera pasen por tu mente; solo tú conocerás los tuyos, y yo los míos...
Estaba tan lleno de ilusiones de volverte a ver, sin embargo no hacerlo es lo mejor para mí: sé que te dije que tu felicidad será la mía, pero qué difícil es porque duele muchísimo no tenerte. Y sé que lo prometí pero no sé lo que pasará mañana con "apoyarte", quizás de lejos lo haga... así sin decirte nada, pues ahora lo mejor para mí, es vaciar el corazón en forma de pixeles hasta que quede como nuevo, yo lo arreglaré... como siempre lo hago.
Por último, quiero que sepas que en verdad deseo que nunca te hagan daño. Siento este dolor y es similar a los peores dolores que he sentido en mi vida: no se lo deseo a nadie y mucho menos a ti. Te quiero demasiado... y si alguien te lastima, con gusto recibiría en mi alma el dolor que te toque recibir; para que tú no sufras, para que no llores. Odiaría tanto verte sufrir de nuevo, en la oscuridad recibiría todo motivo de llanto en mi alma, para que a ti no te duela. De verdad desearía poder asegurar que nunca te lastimen, porque te quiero, porque esas heridas que pudieras llegar a recibir, con gusto las recibiría por ti. Porque sé que en cada lágrima derramada, cada neurona de mi centro del miedo gritará un "I (pizza) you!" con tu nombre.
http://www.youtube.com/watch?v=xraKpchXF1c
No te miro, sin embargo sé que eres feliz. En mis ratos sin ti me pregunto cómo y cuando fue que... todo terminó así. Quizás no fui claro en mis sentimientos, quizás sí, quizás ya no era correspondido... no lo sé, es de irresponsables querer culpar a alguien. Y aunque existiera una culpa, sé que eso no arreglará nada.
Hay momentos en que quisiera mandar todo a la basura, aceptar mi derrota y quemar toda evidencia en mi oasis del olvido. Otros momentos en que no tengo fuerzas para levantarme y es mi voluntad solita -como un muerto viviente, sin fuerza vital salvo la sobrenatural que lo levanta- la que me empuja a otro acto suicida... contigo: un intento más, cargar sin aliento y sin fuerzas, con la espada caliente por el sol y pesada como cien montañas... ya no; pues ya no hay motivo.
En tan poco tiempo conociste mi mejor personalidad, pues fue la cruzada en la que más me rompía la cabeza pensando pretextos para verte, detalles para obsequiarte, chistes para hacerte reír... no lo digo para hacerte sentir mal, sino para agradecerte; me hiciste saber que soy capaz de luchar por alguien hasta límites inconcebibles.
Además de eso, quisiera que sepas por qué me "aparté" la última vez: Tenía miedo, miedo a buscarte y que me rechazaras o te fastidiaras de mí, más de una vez comentabas cosas que me hacían pensar que ya tenías a alguien más y eso me rompía el corazón. Me alejé para evitar hacer el ridículo, y en cada momento, cada una de mis células en sus canales de fuga gritaban un "te quiero". Eras por quien llegué a sentir la necesidad de verte, podía también llegar a necesitarte, pero en mi caso, eso es justo lo que busco en una chica.
No quisiera reprocharte nada, solo tú conocerás los motivos por los que pasó lo de la primera y la segunda vez. Y a pesar de todo eso, siempre te bendije, siempre levanté mi vaso de ron y sonriente deseé tu felicidad conmigo o sin mí. A estas alturas sé también que conocerás mis errores y los tuyos, en qué fallamos... o quizás ni siquiera pasen por tu mente; solo tú conocerás los tuyos, y yo los míos...
Estaba tan lleno de ilusiones de volverte a ver, sin embargo no hacerlo es lo mejor para mí: sé que te dije que tu felicidad será la mía, pero qué difícil es porque duele muchísimo no tenerte. Y sé que lo prometí pero no sé lo que pasará mañana con "apoyarte", quizás de lejos lo haga... así sin decirte nada, pues ahora lo mejor para mí, es vaciar el corazón en forma de pixeles hasta que quede como nuevo, yo lo arreglaré... como siempre lo hago.
Por último, quiero que sepas que en verdad deseo que nunca te hagan daño. Siento este dolor y es similar a los peores dolores que he sentido en mi vida: no se lo deseo a nadie y mucho menos a ti. Te quiero demasiado... y si alguien te lastima, con gusto recibiría en mi alma el dolor que te toque recibir; para que tú no sufras, para que no llores. Odiaría tanto verte sufrir de nuevo, en la oscuridad recibiría todo motivo de llanto en mi alma, para que a ti no te duela. De verdad desearía poder asegurar que nunca te lastimen, porque te quiero, porque esas heridas que pudieras llegar a recibir, con gusto las recibiría por ti. Porque sé que en cada lágrima derramada, cada neurona de mi centro del miedo gritará un "I (pizza) you!" con tu nombre.
http://www.youtube.com/watch?v=xraKpchXF1c
De vuelta al infierno
Hola...
¿Te acuerdas de mí, sitio lúgubre y siniestro? Soy yo, el mismo niño ingenuo que hace cinco años cayó a tus aposentos con una sonrisa en los labios y una gran herida en el corazón. Sí, soy ese ángel que se volvió demonio y aprendió a convivir con tu oscura naturaleza, con tus llamas que congelan y nunca calientan.
Esta vez las cosas son distintas: Yo no pequé ni fallé, fui condenado desde lo más alto del cielo a vivir de nuevo en tu seno mientras veo la gloria en la que se regocijan mis similares. Yo veo aquí, cómo disfrutan aquel paraíso que tanto anhelé alcanzar de la mano de un ángel de bella mirada y dulce voz.
Mientras me calcina la esperanza entre tus eternas llamas, quisiera recordar y preguntar cómo vine a caer de vuelta... tan bajo. En este sitio que los ángeles nunca visitan, este tétrico mundo en donde lo terrenal se vuelve martirio y solo nos queda lamentar nuestra desgracia. He llorado tanto que las lágrimas no caen, solo mis ojos soplan polvo que inmediatamente se vuelve a calcinar, ceniza sobre ceniza, en el aire. Y ahí está, mi bello ángel... siendo feliz.
Quisiera olvidar que alguna vez estuve a punto de alcanzar nuevamente el paraíso, que alguna vez usé su nombre como estandarte cual cruzado, y mi Tierra Santa, su corazón. Quisiera olvidar todo ese daño, aquellos errores, aquellos besos. Será lo mejor, pues los ángeles no se atreven a venir aquí.
Miro en un rincón, a Ricardo "Corazón de León", cuyo arrojo enmedio de una cruzada, lo trajo hasta acá. Mi arrojo fue similar, Ricardo; yo también me tiré a matar.
Pero lamentarse ya no sirve de nada, solo queda aprender a amar el frío calcinante de estas llamas, la soledad rodeada de árboles de felicidad cuyo fruto no se puede comer, aprender a matar toda esperanza y disfrutar su ausencia, aprender a ser un demonio enmedio de este infierno... otra vez... como la última vez.
¿Te acuerdas de mí, sitio lúgubre y siniestro? Soy yo, el mismo niño ingenuo que hace cinco años cayó a tus aposentos con una sonrisa en los labios y una gran herida en el corazón. Sí, soy ese ángel que se volvió demonio y aprendió a convivir con tu oscura naturaleza, con tus llamas que congelan y nunca calientan.
Esta vez las cosas son distintas: Yo no pequé ni fallé, fui condenado desde lo más alto del cielo a vivir de nuevo en tu seno mientras veo la gloria en la que se regocijan mis similares. Yo veo aquí, cómo disfrutan aquel paraíso que tanto anhelé alcanzar de la mano de un ángel de bella mirada y dulce voz.
Mientras me calcina la esperanza entre tus eternas llamas, quisiera recordar y preguntar cómo vine a caer de vuelta... tan bajo. En este sitio que los ángeles nunca visitan, este tétrico mundo en donde lo terrenal se vuelve martirio y solo nos queda lamentar nuestra desgracia. He llorado tanto que las lágrimas no caen, solo mis ojos soplan polvo que inmediatamente se vuelve a calcinar, ceniza sobre ceniza, en el aire. Y ahí está, mi bello ángel... siendo feliz.
Quisiera olvidar que alguna vez estuve a punto de alcanzar nuevamente el paraíso, que alguna vez usé su nombre como estandarte cual cruzado, y mi Tierra Santa, su corazón. Quisiera olvidar todo ese daño, aquellos errores, aquellos besos. Será lo mejor, pues los ángeles no se atreven a venir aquí.
Miro en un rincón, a Ricardo "Corazón de León", cuyo arrojo enmedio de una cruzada, lo trajo hasta acá. Mi arrojo fue similar, Ricardo; yo también me tiré a matar.
Pero lamentarse ya no sirve de nada, solo queda aprender a amar el frío calcinante de estas llamas, la soledad rodeada de árboles de felicidad cuyo fruto no se puede comer, aprender a matar toda esperanza y disfrutar su ausencia, aprender a ser un demonio enmedio de este infierno... otra vez... como la última vez.
martes, 12 de noviembre de 2013
Introspectiva
Hola.
Curioso... ¿verdad? una carta sin destinatario, un destino al aire... inespecífico, fugaz, cuestionable... es así como surgen los más bellos pensamientos fotografiados en papel... o pixeles.
Hoy me roba la calma una pregunta inundada de duda y "chaquetas" mentales; tú sabes cuál es, y sé que nunca te lo preguntaré de nuevo. Quedarán guardadas en el cofre de sentimientos y preguntas sin respuesta, así como quedé aquella tarde... sin respuesta. Sin sentimientos demostrados, sin palabras expresadas, sin dudas aclaradas... solamente sin respuesta.
Hoy pensaba mientras dormitaba, en las miles de cosas que pensaba cuando me enteraba de algo sobre ti. Esa confianza extraña al platicar, aunque fuese fugaz, una vez cada una o dos semanas... no quisiera detallar, pues odiaría despertar nostalgias: Tú recuerdas esos momentos, y si no fue en vano, sé también que sonreirás en este momento al recordarlos.
No fuiste una amiga de toda la vida, ni prima mi mucho menos hermana... y sin embargo apoyarte fue algo más que placentero, algo más fuerte que el simple hecho de apoyar a un "favorito" en la siguiente racha, algo más que hablar por hablar... con gusto hubiera dejado que me arrebataras los años y con ellos mi experiencia para que lo lograras; pues en ti, aunque nunca te miré, observaba algo que en nadie he observado: Anhelo, deseo y amor por la carrera, a pesar de apenas conocerla.
Hoy he pensado en lo que hacía y hubiera sido rarísimo si no te hubieses alejado de mí, si no hubieras sospechado de mi "noble y desinteresado" apoyo (aunque en realidad, nunca hice nada, el logro es tuyo, felicidades). Es por eso que solamente sonreí aquella vez que desapareciste por vez primera, solamente pensaba sonriente en un "lo lograrás".
Aún recuerdo cuando me mostraste ese "Asignado en...***", te diría que brinqué de alegría pero mentiría: La verdad es que sentí una emoción que subía del estómago hasta el pecho, se partía en dos y ascendía en forma de hilitos que arrastraban hacia arriba mis labios dibujando una sonrisa, llegaban a los ojos y los hacían temblar...
Me emocioné, como un padre se emociona al ver a su primer hijo/a, como cuando lo ve crecer y andar por primera vez, cuando lo ve montar una bicicleta sin caer... como cuando entra a la universidad. Fue el "te quiero" más sincero que soplé al universo dedicado para ti, y que llegó a tu retina en forma de pixeles de celular. Estaba orgulloso de ti.
Nuevamente lo digo... nunca sabré lo que pasó, nunca sabré el error que cometí -si es que alguna vez hubo uno-. En cambio, me quedaré aquí... procurando tus sonrisas y celebrando tus triunfos aunque lleguen momentos en que no te acuerdes de mí. Cometiendo suicidio sentimental tal vez con estas palabras, pues tal vez te asusten y escapes de mí. Anhelando que algún día... vuelvas a ser mi trocito de comida italiana :)
Curioso... ¿verdad? una carta sin destinatario, un destino al aire... inespecífico, fugaz, cuestionable... es así como surgen los más bellos pensamientos fotografiados en papel... o pixeles.
Hoy me roba la calma una pregunta inundada de duda y "chaquetas" mentales; tú sabes cuál es, y sé que nunca te lo preguntaré de nuevo. Quedarán guardadas en el cofre de sentimientos y preguntas sin respuesta, así como quedé aquella tarde... sin respuesta. Sin sentimientos demostrados, sin palabras expresadas, sin dudas aclaradas... solamente sin respuesta.
Hoy pensaba mientras dormitaba, en las miles de cosas que pensaba cuando me enteraba de algo sobre ti. Esa confianza extraña al platicar, aunque fuese fugaz, una vez cada una o dos semanas... no quisiera detallar, pues odiaría despertar nostalgias: Tú recuerdas esos momentos, y si no fue en vano, sé también que sonreirás en este momento al recordarlos.
No fuiste una amiga de toda la vida, ni prima mi mucho menos hermana... y sin embargo apoyarte fue algo más que placentero, algo más fuerte que el simple hecho de apoyar a un "favorito" en la siguiente racha, algo más que hablar por hablar... con gusto hubiera dejado que me arrebataras los años y con ellos mi experiencia para que lo lograras; pues en ti, aunque nunca te miré, observaba algo que en nadie he observado: Anhelo, deseo y amor por la carrera, a pesar de apenas conocerla.
Hoy he pensado en lo que hacía y hubiera sido rarísimo si no te hubieses alejado de mí, si no hubieras sospechado de mi "noble y desinteresado" apoyo (aunque en realidad, nunca hice nada, el logro es tuyo, felicidades). Es por eso que solamente sonreí aquella vez que desapareciste por vez primera, solamente pensaba sonriente en un "lo lograrás".
Aún recuerdo cuando me mostraste ese "Asignado en...***", te diría que brinqué de alegría pero mentiría: La verdad es que sentí una emoción que subía del estómago hasta el pecho, se partía en dos y ascendía en forma de hilitos que arrastraban hacia arriba mis labios dibujando una sonrisa, llegaban a los ojos y los hacían temblar...
Me emocioné, como un padre se emociona al ver a su primer hijo/a, como cuando lo ve crecer y andar por primera vez, cuando lo ve montar una bicicleta sin caer... como cuando entra a la universidad. Fue el "te quiero" más sincero que soplé al universo dedicado para ti, y que llegó a tu retina en forma de pixeles de celular. Estaba orgulloso de ti.
Nuevamente lo digo... nunca sabré lo que pasó, nunca sabré el error que cometí -si es que alguna vez hubo uno-. En cambio, me quedaré aquí... procurando tus sonrisas y celebrando tus triunfos aunque lleguen momentos en que no te acuerdes de mí. Cometiendo suicidio sentimental tal vez con estas palabras, pues tal vez te asusten y escapes de mí. Anhelando que algún día... vuelvas a ser mi trocito de comida italiana :)
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