miércoles, 18 de enero de 2012

Amor psiquiátrico (Parte 5) - Confesión empapelada

Miércoles 2 de Marzo
12:35 pm
Pabellón de UAM

Ya comenzaba la segunda mitad del día. Alejandra se encontraba sentada en el mismo sofá con dos chicas, mientras el resto deambulaban por la enorme sala. Esta vez la chica nueva, de menor edad, las acompañaba.

Fecha y hora de ingreso: 1° de marzo, 19:05 hrs.
Paciente. Pamela Bello Mora
Edad: 12 años
Motivo de hospitalización. Presunto intento de suicidio.

Pamela era una niña diferente a las demás, cualquiera que la mirara no creería en ese supuesto intento de suicidio. Irradiaba una inquietud prematura para su edad esos ojos oscuros que, a diferencia del resto de las pacientes; reflejaban también gracia. Sin embargo, su complexión delgada propia del final de la infancia; delataban su verdadera edad. El cabello negrísimo y corto le llegaba hasta los hombros, que hacía contraste con su sonrisa pícara y coqueta.

Durante la mañana congenió inmediatamente con Alejandra, con quien ya tenía cierto intercambio verbal esta tarde. Ninguna de las niñas sabía por qué estaba ahí, solamente platicaba acerca de su novio, y cómo sus padres frustraron la fuga de ambos.

-¿Es nutriólogo el chico de la mañana entonces?- Preguntó la pequeña, quien acababa de escuchar la historia del chico misterioso que llega a la hora de la comida; al preguntar por él cuando lo miró en la mañana durante su visita matutina.
-Si, pero ya está apartado para Ale- Respondió Gaby , mientras miraba de reojo a su amiga Ale.
-Mensa- Contestó Ale mientras golpeaba levemente con el codo a su amiga.
-¿Cómo se llama? dile a Pamela.
-Se llama Abel, de hecho está a punto de llegar...-Dijo Alejandra, mientras observaba el reloj de enfermería.
-¿No que no?- Preguntó Gaby con una sonrisa.
-Ay... ¡que no!- Exclamó Alejandra, esta vez con un ligero rubor.

Seguida la misma rutina, las chicas repitieron el ritual de esa hora: Al llamado de la enfermera, todas avanzaban hacia los baños para lavarse las manos y poder formarse en la ventanilla. Alejandra, mientras esperaba; miraba fijamente la puerta pequeña de entrada al pabellón.

-¿Por qué estará acá precisamente un nutriólogo? -pensaba- es muy joven para trabajar, así que tal vez esté casado. Quiero agradecerle por lo de ayer, que bueno que no todos son loqueros serios y amargados en este hospital.

Como si de una invocación se tratara, Abel cruzaba esa puerta tomando el mismo rumbo hacia la cocineta, como siempre serio y dedicado. Solamente mirarlo, los pensamientos de Ale se interrumpieron por la voz de su nueva amiga Pamela.
-Es guapo, apuesto a que me lo ligo.
-Oye...- interrumpió Ale - Estás loca, es el supervisor.
-¿Y qué? ah si perdón... que ya lo apartaste, ¿verdad?- Contestó sonriente Pamela.
-Mensa...

Entre su vergüenza, Alejandra pensaba que Pamela tenía razón en algo: El chico era joven, demasiado para lucir ya una veterana bata blanca, lo que le daba cierto toque de importancia. Su manera formal de vestir resaltaba aún más su semblante juvenil y esa manera de mirar y sonreír a pacientes y enfermeras por igual hacían preguntarse si este chico era un coqueto de lo peor, o era solamente su carácter amable y risueño. Al pensar en eso, Alejandra tuvo cierto sentimiento de impotencia por ser solo una más de las pacientes, por pensar que aunque aquel chico le evitó una noche más de llanto; él solo estaba haciendo su trabajo y ni cuenta se había dado de que le alegró la tarde a una chica deprimida gracias a su actitud optimista.

-¡Hola cocinero!- Se escuchó distante el saludo alegre de la malcriada Cristal. El saludo que interrumpió los pensamientos de Alejandra para solamente acrecentar ese sentimiento de impotencia. A su vez que Pamela y Gabriela se alejaban secreteando hacia la mesa ya con su charola de comida, sin dejar de mirar a Alejandra.

Había ya llegado su turno, la chica pelirroja miró a su nuevo amigo y él le sonrió.
-Ahora si no te me escapaste- Dijo Abel aún sonriendo, recordándole a Ale su última conversación. Ella solamente correspondió la sonrisa que acrecentó ese remolino de sensaciones. Le llenó de alegría el saber que no se había olvidado de ella.
-Gracias Abel- pensaba Ale, mientras caminaba hacia la mesa y tomaba asiento.
-Te gusta, ¿verdad?- Preguntó Gabriela, quien no dejó ni responder a Alejandra cuando completó: -Pamela dice que le va a llegar.

Dicho esto, Alejandra no pudo evitar sentirse incómoda otra vez. Ese sentimiento ya comenzaba a confundirse con celos. Alejandra buscaba respuesta a la incómoda situación.
-Pamela loca...- Dejó escapar, con esfuerzo y sin dejar de mirar su plato de comida.
-¿Y tú qué tal Ale?- replicaba Gaby, -¿te gusta verdad?
-No...- Respondió esforzada, nuevamente Alejandra.
-Ay Ale...- Exclamó Gaby sonriendo, -hasta acá se notó que te pusiste celosa.

Sin mencionar palabra alguna solamente respondió Alejandra con una sonrisa. Se levantó de su asiento tranquilamente hacia la mesa donde estaba la enfermera Lolita, la más accesible y noble de todas las enfermeras. Quien se encontraba llenando hojas de enfermería en una mesa de comedor.
-Disculpe Lolita.
-¿Qué pasó mi niña?
-¿Me podría prestar su pluma un segundo por favor?
Lolita dudó al principio, mas no quería ocasionar desconfianzas...
-Está bien mi niña, pero me la regresas rápido o me irá como en feria, ¿de acuerdo?
-Sí, gracias Lolita, no tardo.

Lourdes corrió hacia la mesa y tomó un puñado de servilletas. Pensó unos segundos cuando comenzó a escribir en el trozo de papel.
-¿Qué vas a hacer?- Preguntó curiosa Gabriela.
-Tranquila, es un mensaje para el nutriólogo, solo quiero agradecerle lo de ayer.

"gracias Abel".

-Alejandra dobló la servilleta en cuatro partes y se la dio a su amiga.
-¿Se lo entregas por favor?- preguntó Ale.
-Si quieres... pero al final de la comida junto con la charola.

No faltó mucho, cuando Gabriela dispuesta a hacer el favor a su amiga; sintió un jaloneo en su suéter.
-Espérate- contestaba Alejandra, -deja escribir algo más.
-¿Qué vas hacer Alejandra?- decía Gaby, inquieta y curiosa.

Gabriela miraba fijamente las letras, y conforme avanzaba la escritura de Alejandra; sus ojos se abrieron más, junto con su boca cubierta por su mano izquierda, dejando escapar una sonrisa ahogada de sorpresa.

-¿Estás loca?- Dijo Gabriela en voz baja.
-Tú solo dáselo por favor, es la única manera de platicar con él- Dijo Alejandra casi rogando.
-Ay Ale...- Complementó Gabriela, cuando al instante Alejandra caminaba hacia el sofá ya terminada su comida.

Y ahí estaba el supervisor... recibiendo charolas vacías. Gaby no tuvo problema en aprisionar la servilleta entre su mano y el borde de su charola. Y al llegar su turno, miró al chico; señaló con los ojos su mano derecha con la servilleta y dijo en secreto:
-Tómalo, e lo manda Ale.

Abel con gesto de incógnita, no hizo más que tomar con cuidado la servilleta doblada; y como si nada, la guardó en la manga de su bata.
-Gracias- Respondió Abel sin saber qué más decir, aún con el rostro de incógnita.

Desde el sofá, Alejandra miraba a su amiga regresar con una sonrisa en el rostro; como quien ríe de una travesura. Sin embargo ni rastros de Abel, desapareció entre los muros de la cocineta.

-Estás loca- Susurró Gabriela, aún riendose de aquella experiencia...

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