sábado, 28 de enero de 2012

Amor psiquiátrico (Parte 16) - La verdad sobre Alejandra

Martes 15 de marzo
13:40 hrs.
Pasillos del psiquiátrico

-Mira nada mas... ¡Nutrición!
-Ehm... si, así es -Respondía Abel a la guardia de seguridad a las afueras del gigantesco pabellón de UAM.
-Qué bueno, a ver cuando nos pones a dieta, ¿eh? -Decía bromeando la compañera uniformada, también guardia de seguridad.
-Si, claro que si; igual que a las niñas... -Contestó Abel, sin quitar la sonrisa de su rostro; y ya acostumbrado a ese comentario mil veces escuchado.

El joven caminaba por el estrecho pasillo techado, rodeado por el pasto del jardín de visitas. Ahí recordaba la vez en que miró a su pequeña Alejandra junto a sus familiares, solamente separados por el comentario "no ahora, ahí está la Dra.".

Las cartas en su bolsillo eran distintas, esta vez el sentimiento de curiosidad y emoción de saber lo que decían; venía acompañado por un sentimiento de vacío en el estómago, y un "Los médicos han decidido lo mejor para mí" se miraba al reverso de una de las hojas color azul. Ese típico color azul hacía pensar que no solo era el color favorito de Alejandra, sino que también era el único disponible en el pabellón.

"Busca a la enfermera Lolita, ella tiene un regalo para ti". Fueron las palabras de despedida de aquel gigantesco salón que la jovencita le dictó al joven al marcharse. Y eso haría, la curiosidad lo mataba...

-Creo que debería esperar a llegar a la oficina, acá una carta así puede... -Pensó Abel para sí mismo, pero al final la curiosidad lo mató. Desdobló la hoja, y en ella se liberó una especie de humor pesado, pesadísimo. Ese sentimiento que Abel solo había sentido en su última relación seria, y no era nada agradable.

La primer carta fue elegida por su texto en ambas caras, debería decir algo serio, pues solo los sermones serios se prolongan a tal grado de no ser suficiente una sola página para dictarlo. Y así comenzó a leer el joven supervisor.

Hola otra vez.

Primero que nada quiero darte las gracias por estos momentos y por haberme esperado todo este tiempo. Fue gracias a ti que logré superar esta depresión. Perdóname, sé que es muy cobarde decirte esto por medio de una carta pero por el momento no encuentro otra forma para decirtelo, y así puedas decidir si todavía quieres andar conmigo o no. Tienes que saber por qué estoy aquí.

Estoy internada porque tengo una madre que odio no por lo que hace conmigo, sino por las desiciones que toma para mí. Y ahora que estoy acá, tanto ella como mis hermanos vienen solamente por culpa a limpiar la tumba que ellos mismos me hicieron por mero remordimiento. Hace unos meses anduve con un chavo que al igual que tú era todo para mi y con el que yo me iba a casar, te preguntarás por qué, pues porque yo estaba embarazada de él. Este chavo me respondió bien y ya ibamos a casarnos pero una amiga (si es que se le puede llamar así) me dio algo de tomar y me hizo perder a mi bebé. Mi novio se enteró de eso y me reprochó lo que hice, me maltrataba y me hacía sentir muy mal, al final decidí cortarlo porque no quería una vida junto a una persona que me humillara de esa manera. Me sentí fatal en ese momento por mi bebé y la depresión que eso me trajo me hizo encontrar una sola salida: La muerte. Y por eso estoy aquí.

Ahora que estoy fuera y los médicos han decidido lo mejor para mí pienso afrontar esta situación. Ahora que sabes la verdad eres libre de decidir si todavía quieres andar conmigo o no, lo único que te pido es que por favor no me juzgues como lo han hecho los demás porque eso me dolería muchísimo.

En cuanto a mi futuro, quizás me manden al DIF o quizás me vaya con mi papá, no lo sé, pero sé que esta estancia ha valido la pena sin importar la desición que tomes, pues gracias a ti vi de nuevo la luz en este mundo "tan deprimente" como dices =/

Atte. Ale, tu loca enamorada.

Abel sintió un nudo en la garganta, el cual intentó desaparecer tragando saliva, lo cual no hizo más que apretarlo más. Sin palabras, dobló la carta y tomando la otra, comenzó a desdoblar su sencilla estructura en forma de corazón. Dentro de la segunda no había más que otro corazón dibujado con los nombres "Abel" y "Ale", acompañados de un "Me gustas mucho, te voy a robar un beso". No era más que anestesia esa segunda carta, por vez primera en ese par de semanas, la moral de Abel se encontraba tambaleante y dudosa acerca de seguir adelante.

Era tarde ya, Abel estaba enamorado, aunque aún no se atrevía a declararlo. Nuevamente dobló las cartas, ya se encontraba en la oficina, tomó las cartas y las guardó.

-Hola Abel, ¿qué pasó? ¿la niña te cortó? -Interrumpió de pronto la voz conocida de su amiga Maricela.
-No... es que, cosas que pasan.
-¿Qué cosas? ¿algo malo?- Preguntó nuevamente Maricela, con tono ya más preocupado.
-No... es solo que, creo que debo dejar de ilusionarme por si acaso. Después de todo, por algo ella estuvo aquí, ¿o no? -Continuaba Abel con voz temblorosa.
-Tienes razón niño, pero si no arriesgas no ganas, deberías estar feliz, ya está afuera, mucha suerte.

Se marchaba ya sin dar oportunidad de respuesta. Abel suspiró y clavó la mirada al suelo, y un par de segundos después levantó la vista y sacó su celular del bolsillo.

-Hola Sonia
-Hola Abel, ¿qué pasó?
-Nada... solo quería pedirte mi día de descanso mañana.
-¿Y eso Abel?
-Pues ya ves, tengo cosas que hacer que me salieron imprevistas y es mejor ahora.
-Bueno chico, tú no te preocupes dejame todo a mí. Que descanses.
-Si, gracias Sonia.

Así se terminaba la conversación entre Abel y su jefa. Mañana sería un día especial, se vería frente a frente con la chica que había logrado robarle el corazón.

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