Miércoles 9 de marzo
15:05 hrs
Pabellón de UAM
-Yo estoy aquí... porque intenté matarme con gotas de clonazepam- Decía una pequeña de piel morena y cabello rizado, mirando hacia el suelo y sentada en el sofá.
-¿Pero por qué niña?
-Tuve problemas con mi ex novio, me quería manipular, me dijo que para andar con él tenía que comenzar a fumar y tomar. Cuando me dijeron que me quería para otra cosa lo dejé... obviamente saltaron a la defensa sus amigas.
-¿Te pegaron?
-Los golpes no fueron lo que me dolió. Me dijeron que cómo Hugo puede andar con una niña babosa y fea como yo, me empujaron y me hicieron llorar... me dijeron muchas cosas.- Terminaba de contar Yahaira con lágrimas en los ojos, que curiosamente; no alteraron en lo más mínimo su tono de voz.
-Ay pequeña, tranquila... los hombres son crueles para conseguir lo que quieren.
Yahaira solamente secaba sus lágrimas y tomaba aire. El recuerdo le hacía sentir su autoestima por los suelos, pues siempre se consideró una niña cualquiera, sin ningún atriburo en particular. El rechazo de sus compañeras de clase la hacían sentirse patética, y pasó de ser una niña alegre que amaba el baile, a ser una niña retraída, tímida que apenas se preocupaba por lo que iba a vestir ese día. Por eso el internamiento no le molestaba tanto, la única opción de vestido era el pants color vino.
Después de recuperar el aliento, Yahaira preguntó:
-¿Y tú por qué estás aquí?
Alejandra tomó aire y lo dejó escapar en un suspiro mientras su mirada se desviaba. Hizo una mueca con la boca que duró los próximos tres segundos.
-¡Qué buena noticia, mi amor!-Exclamaba un chico de complexión robusta, su atuendo típico de los barrios de Iztapalapa delataba una personalidad nada noble.
-Entonces... ¿me vas a responder bien?- Preguntaba la pequeña de cabello rojizo, quien lucía una blusa color salmón y unos jeans ajustados. Su rostro se iluminaba de alegría al notar la respuesta positiva de su amor.
-¡Claro que si! Podemos vivir en casa de mi madre y yo comenzaré a trabajar para nosotros. Vamos a ser muy felices ya verás.
-¡Te amo! Gracias por tu apoyo- La pequeña abrazaba al joven, un lazo de sangre era ya el que los unía, sin embargo, ese abrazo disfrazaba una inquietud dentro del corazón de la pequeña pelirroja.
Alejandra pestañeó por un momento, como volviendo en sí. Soltó otro suspiro y volteó a mirar a su compañera Yahaira, quien esperaba una respuesta con curiosidad.
-Perdóname niña, no puedo decirte, si te cuento será volver a revivir y eso me hará recaer...
-Ok, no te preocupes...- Respondió Yahaira con una sonrisa en los labios.
-Lo que si te puedo decir- Interrumpió Alejandra -es que quedé marcada de por vida por mi ex novio.
Yahaira pensaba... es como si de pronto se diera cuenta que era algo realmente serio. En ese momento sintió que no debía saberlo.
-Paciente Yahaira, el psicólogo ya llegó.
La voz interrumpuó la conversación, para luego despedirse las dos niñas.
Alejandra se quedó sola entonces, mirando al techo; metió la mano en el bolsillo de su pants y apretujó con fuerza una hoja de papel. Su expresión deprimida cambió suplantándola una sonrisa, de nuevo mostrando ese húmedo de sus labios rojísimos.
-¿Todo bien señorita?- Interrumpía un enfermero de complexión robusta y anteojos. Su nombre era Miguel, encargado del turno de la tarde.
-Si Miguel, gracias -Respondió Alejandra, quien soltó la hoja de papel en el momento preciso.
-¿Cómo va todo con su príncipe azul?
-Ay Miguel... -Alejandra en ese momento, suspiró fingiendo desilusión. -¿cuál príncipe?
-El de la cocina, hoy los vi platicando, cuéntame niña, ¿qué pasó?.
Alejandra suspiró de nuevo, y esta vez su alegría de recordar lo sucedido en la tarde fue imposible de ocultar:
-Hola señor supervisor.
-Hola niña...
-Me gustó mucho su poema, gracias.
-Me alegra que te haya gustado.
Alejandra tomaba un sorbo de su vaso de agua, y tomando valor, se atrevió a preguntar.
-¿Yo también te gusto?
Abel, con las manos juntas y la mirada clavada a la barra, dejó escapar una respuesta positiva de su boca. No se notaba muy convencido, lo que despertó sospechas en Alejandra.
-Sí claro...
-Enserio, no me estaría arriesgando a lo tonto si no me gustaras.
Alejandra sonrió, e intentando ahogar sus palabras con agua, bebió otro trago.
-Mañana te escribo una carta, ¿vale? -Dicho esto, y Abel habiendo afirmado con la cabeza, se retiró a la mesa.
-Ay Miguel, estoy enamorada.
-Lo sabía mi niña, se le nota a kilómetros. -Sonreía Miguel, mientras se ponía cómodo en el enorme sofá junto a la pequeña paciente.
-Es super lindo enfermero.
-¿Ya lo has tratado?
-No... no mucho- contestaba Alejandra, -pero, hemos tenido... conversaciones.
En ese momento, Miguel soltó a reír discretamente, como si ya supiera de su secreto. Moviendo el brazo al descanso del sofá, continuó:
-¿Y qué clase de conversaciones señorita Alejandra?
Alejandra ingenuamente extendió la hoja de papel que apretujaba en su bolsillo, era la misma hoja de papel que Abel le extendió el día anterior.
Miguel tomó la hoja discretamente y acomodándose los anteojos, leyó en silencio. De vez en cuando sus ojos crecían mientras afirmaba con la cabeza, como sorprendido. Y tras un par de minutos, dobló la hoja y la regresó a Alejandra.
-Qué bonito poema, quien iba a decir que el pasante era tan buen escritor.
-Espero no equivocarme Miguel.
-Todo irá excelente pequeña, ya verás.
En el pabellón, parecía comenzar una amena y confiable conversación. Miguel si se caracterizaba por algo era por su confianza que inspiraba a las pacientes, a veces para bien y otras veces para mal. Y aún así, la confianza no la había perdido.
Mientras tanto, caminaba en la enorme avenida, un joven con bata. Miraba al cielo mientras caminaba con prisa hacia su destino. Las palabras y pensamientos en su mente lo traicionaban y chocaban entre sí. Todo eso imposible de esconder, pues Abel nunca fue bueno para ocultar sus sentimientos o pensamientos.
"Estás cayendo de nuevo Abel, ten cuidado, no es solo una chica más... es una paciente. ¿Estás seguro de que fue buena idea corresponderle? Qué bueno que cambié mi caligrafía, yo nunca escribo con mayúscula... qué bonita es.
'Supervisor de tu mirada', la idea es original. Solamente te pido una cosa: no me traiciones por favor."
Era Abel aquel chico... quien ya no caminaba con preocupación en el rostro. Se le miraba sonriente y feliz, recordaba sus ex amores e incluso a sus pequeñas admiradoras del hospital; y haciendo esto, pidió al cielo que no fuera una equivocación más. A pesar de tener autoestima aceptable y amar su trabajo, esta vez su felicidad era completamente distinta. Una desición interna le hizo cambiar completamente de ser serio a ser alegre una vez más: El abrir su corazón nuevamente al amor.
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