Martes 1° de marzo
1:25 pm
UAM
-Disculpe... ¿puedo entregar así mi charola?- Preguntaba tímidamente una niña de piel morena y cabello rizado, encogiéndose de hombros y hablando en voz baja.
-Pero si no has comido nada- Contestó el chico de la barra, cuyos ojos había abierto más al notar que la pequeña de 14 años apenas había probado la comida.
-Por favor, es que no tengo hambre- Respondía la jovencita, como intentando hacer más rápida la conversación.
-Está bien...- Contestó suspirando el muchacho, mientras tomaba la charola y la entregaba a Maricela, la cocinera; su amiga y confidente con quien había intercambiado anteriormente secretos personales y laborales.
Este era el día de permisos, muchas niñas se había retirado con sus padres por buen comportamiento. Pero para el supervisor era el día en el que debía quedarse hasta el final de la comida, pues por órdenes superiores; debía delatar cuántas charolas sobraban; ya que Sonia -su superior- sospechaba que las raciones de las niñas ausentes las solicitaban las enfermeras para consumo propio.
-Qué grosería tirar la comida sobrante, es tacaño preferir tirarla que dejar que la coman las guardias de seguridad, o incluso podrían comerla las estudiantes de enfermería que ni derecho a comer tienen durante su trabajo- Pensaba para sí mismo el joven recargado en la ventanilla pesante, recordando el acuerdo al que había llegado con la enfermera principal acerca de no delatar las raciones sobrantes, pues de hacerlo; se desperdiciaría demasiada comida.
"A veces uno debe ignorar las ordenes superiores para hacer lo correcto, eso me deja tranquilo...".
-Hola-, interrumpió la voz de una de las pacientes, quien sostenía en la mano derecha una jarra de agua rellenando su vaso vacío.
-Hola-, respondió atónito el chico, quien solo estaba acostumbrado a responder solo el saludo de Cristal y su distintivo "Hola cocinero".
-¿Cómo te llamas?- Preguntó la jovencita de cabellos rojizos, con sus ojos fijos en los del chico de bata.
-Abel, ¿y tú?- Respondió aún atónito.
-Ale.
-Alejandra, ¿cierto?
-Si-. Respondió la pequeña afirmando con la cabeza y los ojos expresivos, para luego beber de su vaso ya rebozante de agua de jamaica.
-¿Eres... médico, enfermero... cocinero?-. Preguntó interesada Alejandra recargándose sobre la misma ventanilla, quien dejó escapar una pequeña sonrisa al mencionar la última palabra -recordando a Cristal, quizás-.
-Soy el supervisor-. Respondió después de unos segundos mostrando el bordado de su bata blanca que decía con letras grandes "Lic. en Nutrición"; mientras correspondía la sonrisa de la niña.
Abel pensaba en continuar la conversación hasta que regresó al mundo real: Recordó la vez en que una paciente se le acercó a contarle sus inconformidades del servicio y fue regañado por la enfermera en turno. No es que fuera malo ni grosero, simplemente no quería problemas.
-Disculpa, tengo que irme- Continuó cortante, mientras se retiraba de la ventanilla. Alejandra solamente lo observó un par de segundos para luego retirarse con su vaso de agua en la boca, no sin antes dejar escapar un "adios cocinero", que Abel correspondió con una sonrisa que dejó visible al voltear la mirada, sin dejar de alejarse.
Ya fuera de la vista de las jovencitas, Abel se sentó en la enorme mesa desocupada de la cocineta. Miró hacia el techo y mientras tomaba un respiro, dejó escapar otra sonrisa. Al final clavó la mirada hacia el piso sin dejar de sonreír, tomó su lista de pacientes y se separó de la mesa.
-Ya me voy Maricela, portate bien- Exclamó Abel.
-Sí niño, allá te veo... y no andes de loco, ¿eh?- Respondió Maricela, quien seguía lavando los trastos.
-Está bien- Respondió Abel con una sonrisa, comprendiendo el sarcasmo de su amiga.
"Es curioso que una paciente se preste a platicar. Muchas llegan tan tristes y deprimidas que lo último que quieren hacer es socializar". Pensaba Abel mientras se dirigía a la puerta de la cocineta.
-¿Todo bien enfermera?- Preguntó a Lolita, la enfermera al cuidado de las chicas, quien se encontraba revisando las hojas de enfermería de todas las pacientes.
-Si chico, todo bien; gracias.
-De acuerdo...- Decía para luego dirigir la mirada hacia el comedor y despedirse, -¡provecho niñas!- Dijo Abel con voz fuerte su despedida de siempre.
-Gracias-. Se escuchó en coro al grupo de chicas, quienes interrumpieron su comida para responder la despedida del "supervisor".
"Lo siento chicas, no me gusta ser cortante, me encanta socializar y me gustaría ser un apoyo más sin dejar de ser profesional... pero ya me pasó una vez". Pensaba Abel, mientras caminaba hacia la enorme puerta de salida. "Si no me tuvieran tan controlado, podría hacer mejor mi trabajo, e incluso quizás charlar, pero ahora solamente soy el supervisor, y 'el nutriólogo' solamente en mis tiempos libres y para quienes me toman enserio".
Caminaba, pues; con su bata como único séquito hacia su oficina, mientras el ruido pesado del cerrojo de la puerta del pabellón delataba su cierre... hasta nuevo aviso.
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