sábado, 1 de octubre de 2016

Mi biografía: Secundaria

La secundaria. Época de cambios: la pubertad, los amigos que se supone son de toda la vida, los enamoramientos, las primeras relaciones, el ir "en la mañana o en la tarde".
Bueno... yo era el niño raro, pero a pesar de todo me entusiasmé al no volver a saber nada más de mis profesores de primaria. Iniciaría desde cero, y, ¿por qué no? quizá hasta tendría una novia.
La secundaria la iniciamos en un tipo tour por toda la escuela donde nos hablaban de la manera de trabajar. Y realmente entré entusiasmado.

Primero. Un año de adaptaciones, creo que mi primer amistad, se llamaba Jorge, un tipo con gustos parecidos a los míos por Pokémon y Dragon Ball. Procuré acercarme a quienes podía y cuando podía, muchos de mis compañeros sin embargo tendrían tendencias antisociales por lo que a veces fui incluso agredido.
Sin embargo, mi primer compañero y amigo fue mi primo Miguel, con quien caminaba sin rumbo en el patio escolar hablando de los cambios que traía la secundaria, de nuestras "víctimas" (mujeres) y lo que nos esperaba.
¿Amor? Creo que si, una chica de pequeña estatura y complexión delgada, su nombre no citaré, mas que con una "J". El ritual con "N" se repitió en la secundaria, aunque creo que también se dio cuenta por no sé qué medios.
Fue aquí también donde comencé con problemas escolares, que me llevaron a destapar mis problemas en la primaria. Mis padres se culparon de no haberme hecho caso, me reclamaron por no haber hablado de lo que me hacían, tomé terapias como romper mis fotos grupales

Mi biografía: Primaria parte 2 (4o. a 6o.

Se supone que conforme pasan los años, debería ser más sencillo recordar detalle a detalle cada memoria de nuestra vida. Y tal parece que la negación y el bloqueo han llegado a tal grado de que no recuerdo exactamente mis profesores, sí sus nombres y sus caras, mas no el orden en que fueron mis mentores. Entre otros detalles...

Cuarto año. Creo que fue aquí quien tomó el mando del grupo la "Miss Eunice" después de que "Miss Dalia" desapareciera misteriosamente. A esos años, puedo recordar un poco mejor los nombres que sólo citaré sin apellidos y de a uno: Omar, Giordana, Karla, Fabiola, Dulce, ¿Miguel?, Denisse, Danae, Dessiré.
No sé, sinceramente no me pareció la más exigente profesora de la primaria, siendo quien me hizo más daño la de segundo año. De hecho su fama era de exigente y enojona, conmigo no fue así hasta donde recuerdo. Lo relevante de ese año se resumió a una sóla palabra: Amor. Sí, fue a estas alturas que comencé a sentir lo que... creo, que fue "enamoramiento". Una compañera citada entre ese grupo previo, comenzó a invadir mi mente, y mi inocencia la dejó pasar por inexperiencia: "¿Pero qué es ésto? *N* es muy bonita, creo que... ¿me gusta? ¿es ésto el amor? wow... quisiera que fuera mi novia". Así sin oponer resistencia, tal y como lo hacen los adolescentes experimentados cuando quieren evitar sufrir.
Los años previos me inundaron de timidez, fruto de los seguidos "cállate, te vamos a encerrar en un manicomio", "deberías cantar ópera, gritas mucho". Así que ese "primer enamoramiento" que debería ser recordado con alegría, para mí no fue mas que una cadena de sufrimiento: El sufrimiento de ser un perdedor ante sus ojos, el de imaginar las mil cosas negativas que me diría si se lo llego a decir, la burla que sería en todo el grupo porque para todos era yo un perdedor. Pero el mayor sufrimiento de alguien tan introvertido como yo era el mismo en común entre los de mi tipo: el sufrimiento de no poder decir lo que sentimos, por nuestra propia timidez.
Cada año me dedicaba a imaginar cómo sería decirle mis sentimientos y que mágicamente ella me acepte. Cantar canciones de amor e incluso llegar a llorar amargamente en mi cama, en la oscuridad de mi recámara y refugiado debajo de las cobijas de mi cama. Lloraba porque sabía que todo eso era una fantasía, que jamás podría siquiera estar a su lado por más de unos cuantos segundos.

Quinto año. Nada relevante, al parecer fue el primer profesor masculino que tuve: Trinidad. Se dedicaba a insultarme un par de veces cada medio año. Realmente no recuerdo demasiado sobre él, mas que la apertura sexual inicial de mis compañeros y sus comentarios inadecuados, para luego culparme a mí de lo que decían y yo terminar regañado.
Una vez salí a beber agua al garrafón escolar, el cual bastaba siendo una escuela pequeña. Detrás de mi salió una compañera, quien me preguntó: "Luis, ¿quién te gusta del salón? ¿'N' verdad?". Yo me sorprendí al saber que lo supo, y un frío recorrió mi espina dorsal. Me dediqué a negarlo hasta el cansancio y luego volver al salón. Creo que todos se habían dado cuenta, pues una vez, como a 5 metros de distancia, miré de reojo como un compañero se acercaba a "N" y le decía algo al oído, seguido de un "pobre José Luis" por parte de ella. Realmente nunca estuve en riesgo de volverme un psicópata acosador, solo la admiraba en secreto.

Sexto año. Nada interesante realmente... no recuerdo algo en particular, salvo una pastorela donde abiertamente el profesor Trinidad volvió a insultarme: "eres un tonto, tarado, idiota". Con ese volumen que era ascendente, comenzando con el "eres un" a un volumen normal y terminar el "idiota" a poco de ser gritado.
En mis momentos de soledad, sabía que era el último año que vería a "N". Pero en vez de luchar, preferí ocultarme y tragarme mis sentimientos jovenes. No quería ser el ridículo. Así, en silencio, le deseé muy buena suerte fuera donde fuere, y se alejó de mi vida y mis recuerdos.
Terminé la primaria con un 8.8 que dicen, no reflejaba mi verdadero potencial, pero que quizá buscando la causa, podríamos encontrar una explicación.

domingo, 25 de septiembre de 2016

Mi biografía: Primaria parte 1 (1° a 3° años)

Ah la primaria... etapa de juegos y sonrisas, de carcajadas y tristezas. Etapa de transición de la tierna infancia hacia las puertas de lo que sería posteriormente la pubertad. En este tiempo ya recuerdo mucho mejor algunos acontecimientos que después podría considerar, me cambiaron la vida para siempre. Hasta la fecha podría considerar que aún conservo ciertos rasgos que se marcaron como hierro fundido en mi piel.

La escuela Miguel de Cervantes Saavedra me acogió durante mis dos años de preescolar (nunca cursé el primer año), terminando a los cinco años. Para mi primer año de educación primaria mis padres optaron (sin saber aún los motivos) a una nueva escuela: Hans Christian Andersen. Una escuela buena, no recuerdo el nombre de mis profesoras, pero sé que jamás me hicieron daño. Estuve rodeado de compañeros que jamás se refirieron mal a mi, salvo por Marcia, una compañera que a veces me lastimaba o amenazaba con lastimarme con agujas en mis ojos si hacía algo que no le gustara, solía evitarla, pues si me defendía corría a acusarme y recibía un regaño de "a las mujeres no se les pega". Fui un niño normal y algo excéntrico, pues no veía como anormal el hecho de sentarme enmedio del patio a tomar mis alimentos que me colocaba mi madre en una loncherita. Miraba a los niños pasar sin que eso me perturbara en lo absoluto hasta que tocaban la hora de volver a clases.

Hubo una compañera en especial: Tonatzin. Una niña que me llevaba un año de ventaja, delgada, piel morena y cabello largo y oscuro... muy risueña por cierto. A mis escasos 5 años desconocía lo que era una relación o atracción, mucho menos enamoramiento; pero siempre me refería a ella como "mi novia"... me imagino que era señal de buena salud mental. Por otra parte, un compañero cuyo nombre no recuerdo "conspiraba" para que de grandes, compremos pistolas y matemos a Tonatzin; los motivos siempre los desconocí.

Ni siquiera parecía una evaluación, pero ahora me sorprendo al ver mis calificaciones tapizadas con el número 10 en lo que fue mi primer año de primaria.

Segundo. Ahí fue donde comenzó todo el daño. Una profesora cuyo nombre no recuerdo, que presuntamente tenía una dulcería y con quien tomábamos clase en un aula en un segundo nivel. Un aula que tomaba un tono naranja oscuro cuando estaban esas espesas cortinas cerrando el paso al sol por las ventanas. El primer recuerdo que tengo es una medalla dorada de chocolate por ser brillante, seguramente; la profesora y los compañeros demeritaron mi logro con un "cualquiera puede hacerlo", seguido de ésto, llegaron las burlas.
Una de ellas y la más simbólica fue cuando comencé a aprender las divisiones, en donde la profesora se refería a ellas como "¿cuántas veces cabe éste número en éste otro?". ¿Era yo un tonto? siempre me costaron y la profesora lo sabía, por lo que una vez me pasó al pizarrón a resolver una, no pude hacerlo y me quedé ahí de pie mientras escuchaba los bostezos burlones de la profesora y los compañeros, haciendo alusión a mi tardanza. Ese día la profesora llamó la atención a mi madre, diciéndole que no aprendía. Ella me regañó a lo que respondí con "no le entiendo a las divisiones". Lo demás lo desconozco hasta el momento de la clase, donde la profesora con un tono sarcástico dijo: "por culpa de José Luis y de que fue de llorón con su mamá de que no entendía voy a tener que repetir las divisiones. (Inserte explicación de 7 segundos aquí), ¿entendiste?"
Me quedé en lo mismo, no entendí nada, a lo que negué con la cabeza, cosa que al parecer no fue del agrado de la profesora, quien expresó su falta de interés y me pasó al pizarrón, donde volví a escuchar los mismos bostezos sarcásticos.
Otras humillaciones eran los "estás loco te vamos a encerrar en un manicomio" cada vez que hablaba supuestamente en voz alta. Las niñas gritando diciendo que quería mirarles su ropa interior cuando sólo me agachaba por mi lápiz que se había caído bajo las mesas. Los "eres un tonto". Claro, siempre apoyados por "la maestra".
Había una excepción claro, la profesora de inglés, que no tengo con lujo de detalles su nombre, pero su cara sigue fresca como un óleo. Era una señora de edad como de 50 años, muy amable, siempre me apoyaba y me decía lo bueno que era yo, creía en mi. Sin embargo, pareciera una conspiración que incluso cuando me castigaban sin recreo hasta terminar mis deberes, culpaban a la profesora de inglés de haberme ayudado a terminarlos. Eso... fue malvado.

Tercero. Tercer año no fue una etapa que haya cambiado lo anterior, aunque tampoco podría decir que lo empeoró: "Miss Dalia". Realmente me cuesta recordar detalles de ella, sólo sé que mis padres dicen que me causó mucho daño, aunque yo le atribuyo más daño a la de segundo año. Creo que a esa altura mis calificaciones aunque no fueron en picada, sí que se vieron afectadas. Nadie lo notó... los profesores tenían control absoluto sobre mi opinión con mis padres, y ellos me regañaban siendo yo el culpable. Sinceramente no recuerdo algún acontecimiento en especial, ni que se haya ensañado conmigo, solo que... no fue mejor que segundo año.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Mi biografía: Infancia temprana (? - ? años)

¿En qué momento consideraríamos que comienzan los recuerdos más tempranos? ¿Cuándo inicia eso que llamamos "conciencia" como un radio con su punto inicial que parte hacia un destino indefinido? La ciencia ha dado... ¿tres, cuatro, cinco años? Dos quizá, si es que nos acontece un evento relevante o traumante sea el caso que sea. Lo que sí puedo decir, es que en mis años más tiernos y tempranos solamente recuerdo días nublados; y no me refiero a tristeza en absoluto, efectivamente los días que recuerdo eran nublados o con neblina, rara vez un día soleado.

Recuerdos de la infancia muy temprana donde ni siquiera podría citar mi edad con precisión. Cuando mi madre me cantaba y posteriormente me hablaba de un lugar llamado "escuela", donde todos los niños irían con la "maestra" para que "nos enseñe". ¿En qué pensé? bueno, realmente cosas irrelevantes como una "maestra" con apariencia de Chabelo y voz similar, con todos los niños como yo sentados a su alrededor mirando cómo hacía actos ridículos mirando y "aprendiendo".

En realidad ni siquiera recuerdo el momento que consideraría mi primer día de clases, igualmente recuerdo mesitas de madera bien pulida y un niño en tercera persona (yo mismo) con un suetercito rojo que buscaba la aprobación de la "maestra" en cada tarea. Se referían a mi con mi nombre completo: "José Luis", un niño muy callado y tranquilo pero "inteligente". Nada relevante, tareas sin importancia que podía realizar sin gran esfuerzo y donde se me recompensaba con un "sí trabaja" o una estrella brillante de papel en la frente. ¿Incentivos? no lo sé, ni siquiera recuerdo si me brindaba placer tener esa cosa en mi libreta o en mi frente. Recuerdo objetos como prismas con un agujero de base a base hechos de alguna especie de goma o gel, en dicho agujero cabía muy bien el lápiz y lo sujetaba para que a la vez nosotros sujetáramos ese prisma; los compañeros lo llamaban "corrector", aunque en realidad nunca supe qué corregía, pero tampoco lo pregunté.

Recuerdo compañeros como Samuel, que tenía una especie de enfermedad que no le permitía hablar de manera fluida y con quien tenía que esforzarme para comprender qué quería decirme. Brenda, quien tenía otra enfermedad que había dejado sin desarrollar al 100% su mano izquierda dejando pequeñas canicas de carne en el lugar donde deberían estar sus dedos. ¿Desiré? mi compañera y de mis mejores amigas en mi tierna infancia, con quien en algún momento tuve rivalidad en el inglés. Y otra compañera que siempre me perseguía y que yo evitaba porque robaba mi comida y cuanto objeto me pertenecía.

Por otra parte, a mi familia la recuerdo además de mi familia nuclear: Abuelos paternos y mi tía Alma Delia, quien me consentía como si fuera su propio hijo. Abuelos que me invitaban a desayunar té de canela con azúcar y un pan dulce; desayuno que siempre me supo a gloria enmedio de su sencillez. Igualmente recuerdo a mi hermano que fue mi compañero de juegos, y a una prima Mayra que me asustaba, y que yo corría a brazos de su hermana Claudia, quien me cuidaba de Mayra.

¿Fui inteligente? Dicen que nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde, y sí, quizás si fui inteligente. Recuerdo que a mi corta edad en preescolar me la pasaba pensando y preguntándome por qué pasaban las cosas. Una vez dos chicos mayores me intentaron engañar con un avión control remoto de juguete que me regalarían, lo atractivo es que en ese avión yo podía subir y volar... dichoso avión nunca me engañó, siempre supe de su engaño. Una vez en mis ratos de meditación llegué a la conclusión de que la perspectiva (término aún desconocido para mi) es diferente según el observador, cada uno observa los sucesos de manera diferente; experimenta cosas distintas y seguramente esa voz que escucha en la cabeza cada vez que habla sería muy distinta. Seguramente cada persona se estaría preguntando qué se siente o cómo ve las cosas alguna otra persona, así como yo mismo me lo estaba preguntando en ese momento. No sé si fui inteligente... aunque todos me lo decían.

Solamente sé que... fueron buenos años que pudieron optimizarse.