domingo, 20 de marzo de 2011

El eco de mi caída

Y así fue...

Querer apostar toda una vida a tu favor. Poniendo en juego mi juventud, mi tiempo, mi vida, mi alma, mis seres queridos... todo por ti. Apostando que me corresponderías por ser como eres: un alma buena, tan similar a la mía que nunca jugaría con mi corazón... pero quería más, más amor. Más de tu tiempo para tenerte a mi lado y disfrutar de un amor sobrenatural que pudiera elevarse hasta arriba de este mundo, pudiendo hacer morir de envidia a las más entregadas parejas, desde nuestros primeros padres hasta los perdidos Cleopatra y Marco Antonio.

¿Y qué consigo a cambio? perder tus besos, morir por dentro, luchar contra el veneno de tu traición para no morir en el intento sin por lo menos llevarme una de tus caricias. Luchar una batalla perdida contra aquella muerte líquida corriendo por mis venas, como quien lucha aferrándose a la vida ante una enfermedad terminal y sin remedio. Así luché aunque ya no tenía aquello que tanto anhelaba de ti: tu amor verdadero. Y sin embargo me prometías una segunda oportunidad, sacando fuerzas sobrenaturales para luchar por ti... una vez más.

¿Y qué consigo a cambio? La desilución absoluta: Mi peor pesadilla volviéndose realidad; tu desprecio a mis besos, a mi entrega de amor. Tú terminando aquel amor que tanto prometía, tú tomando mi mano por compromiso mientras me decías que no podías seguir caminando a mi lado, tu voz tan segura de lo que decía aunque tu corazón dictaba otra cosa, solamente para no llorar... tu voz diciendo "perdóname" en aquella tarde lluviosa, debajo de gotas ácidas que mojaban tus mejillas, y que yo tanto anhelaba acariciar una vez más con amor, para gritar a cada una de tus células e inyectarlas de todo mi amor que exudaba por los poros de mis manos. Pero no fue suficiente... tus labios se rehusaban a seguir adelante, no podía seguir así, no podía soportar tanto dolor por una persona que se convirtió en mi vida sin morir... lo peor es que la muerte nunca llegó.

El dolor siendo motivo de tantas heridas que provocaba en tu corazón, por mi dolor cegándome y convirtiendo mi amor en torpeza. Terminé por alejarte, por hacer que me despreciaras, o tal vez fue un sacrificio de amor para que salieras de mi corazón. Nunca lo sabré, pero sé que nunca te lo preguntaré...

Hasta ahora miro hacia atrás, y veo todo lo que perdí por ti: Un futuro prometedor como un genio terminando el camino que desde niño había soñado. Un noviazgo normal, con caricias y besos reales y no solamente palabras bonitas. Un tesoro de entrega de amor, aquel tesoro que hasta ahora sigo buscando sin éxito en esta cruzada. También veo el abandono de mi patria y mi familia... por ti, y después no encuentro más que abandono...

jueves, 13 de enero de 2011

Supervisor de tu mirada

En un pequeño pabellón psiquiátrico acostumbraba revisar la comida un joven con bata blanca; para muchos era un médico más, y para otros era un cocinero; en realidad era un simple supervisor de cocina. Cada tarde a la hora de la comida, una jovencita con problemas de depresión lo seguía con la mirada. El joven supervisor, al notar ese curioso ritual de atracción; se fue internando cada vez más y más, dentro de esos ojos tan hermosos y esos labios rojizo natural que, prohibidamente; comenzo a anhelar besar algún día.

Después de que la pequeña de 16 años declarase su amor en secreto hacia el joven de bata blanca, él en sus momentos de inspiración escribió unos cuantos versos; dedicados a su amor prohibido. En los que expresaba su deseo de escapar con ella a un mundo sin horarios, reglas... ni molestas enfermeras.

Nos miramos con indiferencia
al encontrarnos cada mañana,
de lejos notas mi presencia
pero no decimos nada.

Una mirada te basta
para que logres sonreír,
mientras alegras mi día
con esos ojos que se clavan
como espada de faquir.

Y buscamos un pretexto
el que sea...
para acercarnos,
tentados por el riesgo
de que nos vean juntos hablando.

Si encerrada no estuvieras,
ni yo fuera un simple empleado,
si no fueran enfermeras
las que te están vigilando,
nuestros labios jugarían
en vez de solo mirarnos.

Por hoy debo conformarme
con arrancarte una sonrisa,
esa que cada mañana
ilumina todo el día.

El día llega ya a su fin,
dormiré anhelando ser tu almohada
pues ahora solo puedo ser
EL SUPERVISOR DE TU MIRADA.