Verano 1541
Zacatecas, México
El sol inclemente del desierto hace estragos sobre los soldados de armadura de acero, el andar de los caballos en cada paso levantan una discreta nube de polvo, creciente polvaderón entre el resto de la caballería, acompaña al ejército español en busca de pacificar a los salvajes nómadas del norte -además de gloria y minas de oro y plata- y convertirlos a la "verdadera religión". Hace un par de años que las anteriores expediciones de conquistadores habían fallado en el intento de domar los extensos desiertos del norte de México, apenas teniendo éxito con la conversión pacífica.
A lo lejos se observa un enorme lito, un cerrito de arena roja y roca. -Ideal para una emboscada-, murmuraba para sí el general español al mando. Su figura imponente sobre aquel caballo blanco y acorazado podría amedrentar a cualquier ejército o señor de la guerra a su paso, y su mirada de águila fija sobre su objetivo hacía imaginar las numerosas estrategias y desiciones en el campo de batalla, o en la logística militar...
-¡Artilleros!-, ordenaba con voz tenue pero poderosa, y dicha orden era regada al resto del ejército por sus capitanes que la gritaban hasta ser cumplida. Las bestias de carga y las manos ardientes de los artilleros por el contacto con el metal calentado al sol zacatecano; movían los cañones a primera línea, dispuestos a disparar contra el gran lito que parecía sacado de alguna historieta apache. El silencio entre los jovenes soldados reinaba solo entre el imponente cerro de piedra poblado por apenas unos cuantos cactus.
-Dicen que no conocen el cansancio-. se escuchaba entre las líneas de infantería; -y que sus arqueros disparan a los ojos, tomando un flechazo en la ceja como un mal tiro-, complementaba Pedro Velázquez, un piquero de primera línea de infantería acerca de la tribu chichimeca de los zacatecos, basado en los oscuros y temibles mitos que los afortunados (o desafortunados) sobrevivientes de batalla, comentaban sobre ellos.
-No dejan de ser nómadas desnudos con armas de caña-. replicó una voz desconocida a sus espaldas, mientras las ruedas de los cañones hacían crujir la tierra amarilla del desierto en su recorrido a su línea de fuego.
*Continuará*
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