jueves, 13 de enero de 2011

Supervisor de tu mirada

En un pequeño pabellón psiquiátrico acostumbraba revisar la comida un joven con bata blanca; para muchos era un médico más, y para otros era un cocinero; en realidad era un simple supervisor de cocina. Cada tarde a la hora de la comida, una jovencita con problemas de depresión lo seguía con la mirada. El joven supervisor, al notar ese curioso ritual de atracción; se fue internando cada vez más y más, dentro de esos ojos tan hermosos y esos labios rojizo natural que, prohibidamente; comenzo a anhelar besar algún día.

Después de que la pequeña de 16 años declarase su amor en secreto hacia el joven de bata blanca, él en sus momentos de inspiración escribió unos cuantos versos; dedicados a su amor prohibido. En los que expresaba su deseo de escapar con ella a un mundo sin horarios, reglas... ni molestas enfermeras.

Nos miramos con indiferencia
al encontrarnos cada mañana,
de lejos notas mi presencia
pero no decimos nada.

Una mirada te basta
para que logres sonreír,
mientras alegras mi día
con esos ojos que se clavan
como espada de faquir.

Y buscamos un pretexto
el que sea...
para acercarnos,
tentados por el riesgo
de que nos vean juntos hablando.

Si encerrada no estuvieras,
ni yo fuera un simple empleado,
si no fueran enfermeras
las que te están vigilando,
nuestros labios jugarían
en vez de solo mirarnos.

Por hoy debo conformarme
con arrancarte una sonrisa,
esa que cada mañana
ilumina todo el día.

El día llega ya a su fin,
dormiré anhelando ser tu almohada
pues ahora solo puedo ser
EL SUPERVISOR DE TU MIRADA.

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